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Las personas con discapacidad intelectual y las redes sociales

La discapacidad intelectual presenta de forma generalizada una serie de limitaciones en las habilidades que la persona aprende para el funcionamiento normal en su vida diaria y que le permiten responder ante las distintas situaciones y lugares, suele manifestarse antes de los 18 años y se pone en evidencia en la relación de la persona con el entorno que la rodea. A las personas con discapacidad intelectual les cuesta más que a los demás aprender, comprender y comunicarse, sin embargo las personas con discapacidad intelectual tienen grandes posibilidad de progresar si se le ofrecen los apoyos adecuados. Si logramos crear un entorno más fácil y accesible, las personas con discapacidad intelectual tendrán menos dificultades, y gracias a ello, su discapacidad parecerá menor de cara a la su integración en la sociedad.

Cuando hablamos de integración y normalización de las personas con discapacidad intelectual nos referimos a todas las esferas de la vida cotidiana, y no existe ninguna duda que hoy en día la interacción y participación en las redes sociales forma parte de la vida cotidiana de todas las personas. Instagram, Facebook, Twitter, LinkedIn, etc., etc., todas las redes sociales tienen algo en común: a través de ellas podemos estar en contacto con otras personas, compartir opiniones, gustos, fotografías, experiencias e incluso ampliar nuestras relaciones profesionales. Es así como las Redes Sociales (RR. SS.) se convierten en un gran almacén de información personal, sobre todo para los jóvenes que utilizan con frecuencia estas vías de comunicación beneficiándose de todas sus ventajas.

 

¿Qué son las Redes Sociales (RR. SS.)?

Las redes sociales online son servicios prestados a través de Internet que permiten a los usuarios generar un perfil público, en el que plasmar datos personales e información de uno mismo, disponiendo de herramientas que permiten interactuar con el resto de usuarios afines o no al perfil publicado.

Estas herramientas permiten mejorar tanto la comunicación como potenciar la socialización, en especial en adolescentes con discapacidad intelectual, quienes presentan una mayor desigualdad a la hora de acceder a ese entorno digital y también una mayor vulnerabilidad ante el abuso y el maltrato que pueda producirse a través del entorno digital. Por tanto, es muy importante aprender a utilizar las redes sociales ya que, al igual que pueden constituir una herramienta buena y generar una influencia positiva, la mala utilización de las mismas puede ocasionar numerosos problemas, entre otros, recientemente han sido objeto de atención general los abusos y el acoso cibernético, que incluso puede dar pie a generar fuertes trastornos psicológicos.

Estos peligros se multiplican cuando quienes utilizan los medios de comunicación social son personas con discapacidad intelectual debido a la inteligencia límite o las dificultades psicomotrices que les acompañan o el encasillamiento que sufren por parte de los demás.

Bullying y cyberbullying. El bullying (o acoso tradicional) se suele definir como un comportamiento agresivo e intencionado llevado a cabo por uno o varios individuos de forma repetida y a lo largo del tiempo contra una persona que no puede defenderse a sí misma fácilmente (víctima). Se trata de una modalidad de abuso basada en un desequilibrio de poderes por lo que se puede decir que se trata de un sistemático abuso de poder. Dentro del bullying, existen diferentes tipos de ataques, siendo los ataques físicos, los verbales y los indirectos o relacionales los tres modos más comunes. Los primeros incluyen los daños físicos (por medio de golpes o patadas) y los daños materiales (hacia las pertenencias de una persona); los segundos abarcan burlas, insultos o amenazas orales; y, por último, los terceros engloban falsos comentarios y rumores u otras formas de exclusión social.

Recientemente ha aparecido una nueva categoría de agresión, conocida con el nombre de acoso cibernético o cyberbullying, que consiste en utilizar las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (teléfonos móviles e Internet) con el objetivo de hostigar y acosar a los compañeros, así como ejercer un acoso psicológico a otros iguales. Así, el cyberbullying presenta una característica fundamental y ésta es la dificultad de escapar del mismo, ya que en cualquier lugar del mundo y a cualquier hora del día una persona (la víctima) puede recibir SMS o e-mails, es anónimo, posee una enorme audiencia (es decir, el número de usuarios que puede ver el material colgado en Internet es muy grande), es rápido, imperecedero, cómodo y, finalmente, al ser distante (los causantes o abusones no tienen que presenciar los impactos de sus acciones por lo que es mucho más cruel.

Se encuentran identificadas ocho formas de cyberbullying:

  • – Flaming: se trata de peleas virtuales por medio del envío de mensajes vulgares en un tono enfadado.
  • – Acoso: consiste en el envío repetitivo de mensajes ofensivos, obscenos y crueles.
  • – Denigración: consiste en publicar rumores sobre una persona con el objetivo de dañar su reputación frente a sus amigos.
  • – Suplantación: se produce cuando una persona se hace pasar por otra (la víctima) y envía o cuelga archivos para que le causen daño o dejen a ésta última en mal lugar frente a sus amigos.
  • – Outing: consiste en publicar en Internet información embarazosa (imágenes o secretos) de otra persona.
  • – Engaño: se trata de persuadir a una persona para que revele sus secretos y pensamientos más íntimos y a continuación, publicar esa información online.
  • – Exclusión: consiste en expulsar a una persona de un grupo virtual.
  • – Ciberacoso: acoso intensivo y denigración hacia una persona, amenazándola y generándola miedo.

Finalmente, es necesario resaltar que las consecuencias de esta forma de intimidación pueden ser devastadoras, llevando en los casos más extremos al suicidio. Las víctimas del cyberbullying pueden sufrir ansiedad, depresión o síntomas psico-somáticos. Además, como consecuencia de estar y sentirse marginadas socialmente, pueden florecer en ellas dificultades para relacionarse con otras personas de su entorno, lo que desemboca en miedo a salir de su hogar e ir al colegio, a la universidad o al trabajo. Sin embargo, el principal problema de esta modalidad de agresión es que aquellos jóvenes que lo sufren, no lo denuncian.

 

Por tanto, ¿Cómo podemos combatir el riesgo de las RR.SS. en adolescentes con discapacidad intelectual?

Hacer un buen uso de las RR. SS. implica un aprendizaje de no sólo las virtudes de las mismas sino, más importante aún, una enseñanza de los peligros y la exposición que podemos ofrecer de nuestros hábitos y costumbres en el desarrollo de nuestra vida diaria y los riesgos que ello implica. Si de por si este hecho para una persona normal ya supone un esfuerzo para una persona con discapacidad ese esfuerzo le supone otro reto a superar. Debemos:

  • Enseñarles a crear y gestionar una identidad online sana y concienciarles de lo que supone su presencia y reputación en el mundo digital.
  • Ayudarles a manejar toda la información personal que comparten online para proteger su privacidad y la de los demás.
  • Hacerles comprender y respetar otros derechos personales y legales, tales como la propiedad intelectual, libertad de expresión o protección de expresiones contra el odio.
  • Conocer las redes sociales. Es recomendable que tanto padres, como tutores y profesores dediquen tiempo a explorar y conocer el uso de las diferentes redes que usan los adolescentes. Familiarizarse con ellas les ayudará a entender mejor los riesgos que conllevan y el comportamiento de los jóvenes.
  • Explicarles qué es la huella digital y advertirles de su posible mal uso. Debemos ser muy cuidadosos con la información que compartimos, ya que puede ser usada de manera incorrecta por algunas empresas o individuos. Por eso, siempre es recomendable leer los términos y condiciones antes de aceptarlos.
  • Potenciar su inteligencia emocional. Hacer hincapié en la importancia de ser empático y de construir buenas relaciones online con los demás.
  • Formar en alfabetización digital. Enseñarles a encontrar, evaluar, utilizar, compartir y crear contenido. También es necesario desarrollar en ellos un pensamiento crítico tecnológico que les permita distinguir entre información verdadera y falsa, contenido beneficioso y perjudicial, y contactos en los que se puede confiar y en los que no.
  • Ayudarles a prevenir y detectar amenazas informáticas como piratería, estafas o software maliciosos. Así podrán aprender a utilizar las herramientas de seguridad adecuadas para la protección de sus datos y contraseñas.
  • Educar en seguridad digital. Es importante hablarles de la existencia de conductas peligrosas por parte de otros usuarios tales como ciberbullying o radicalización, así como de la publicación de contenidos problemáticos (violencia, obscenidades, etc.). De esta manera podrán identificarlos y evitarlos.
  • Controlar el tiempo de uso de los dispositivos y medios digitales, incluyendo el control del tiempo en pantalla. Debemos tener en cuenta que una utilización desmedida de estas TIC puede provocar trastornos del sueño, disminución del rendimiento académico o aislamiento.

Gracias a las redes sociales transmitimos a los demás nuestras inquietudes, nuestras actividades, nuestras relaciones sociales, también una ventana al mundo para decir lo que pensamos, o lo que queremos que sepa de nosotros a los demás. Es bien cierto que hay que aprender a utilizar las redes sociales, porque al igual que es algo bueno y positivo, si se hace una mala utilización de los mismos puede ser algo perjudicial, o incluso crear cierto tipo de adicción. Por ese motivo hay que informar tanto de las ventajas como de las desventajas, de que todo aquello que colguemos en las redes sociales queda en acceso libre para todos, por ello debemos educar e informar, no prohibir el uso.

Resulta totalmente evidente que las personas con discapacidad intelectual tienen mucho que aportar a través de estos medios y resulta ser una forma clara de integración y normalización. De esta manera y a través de estos medios se acerca la discapacidad tanto a las nuevas generaciones como por supuesto al resto de la sociedad haciendo que se conozca de cerca esta realidad y por lo tanto pueda haber un cambio de visión.

Así pues, sería necesario ofrecer cursos que brinden a los jóvenes con discapacidad intelectual la formación y el apoyo necesario para evitar estos usos inapropiados de las redes sociales y cualquier tipo de adicción en torno a las mismas, así como establecer medidas que garanticen su acuerdo o desacuerdo en caso de procesamiento de sus datos y otras medidas de control parental que les ayuden a acceder al mundo digital de forma segura.

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